jueves, 7 de julio de 2016

Gloria a los héroes

En menos de un mes dará comienzo el acontecimiento deportivo por antonomasia, los Juegos Olímpicos. Una cita en la que cada cuatro años confluyen muchas disciplinas deportivas, y que constituye un ejemplo de convivencia y disfrute entre seres humanos venidos desde distintos lugares. Un acontecimiento deportivo donde se impone la famosa máxima de "lo importante es participar" y el hecho de estar allí ya es un premio. Bueno, todo eso es la teoría, la realidad es bien distinta. La realidad viene marcada por una enfermedad que tenemos incubada desde hace mucho tiempo y para la que aún no se ha encontrado un remedio: La  medallitis.
Joel González en plena acción
Esta enfermedad la sufren millones de españoles, muchos de ellos no saben ni siquiera que la tienen. Los síntomas aparecen cada cuatro años, coincidiendo con la disputa de las Olimpiadas, y pueden llevar al enfermo a paralizarse frente al televisor a horas intempestivas para contemplar disciplinas deportivas cuya existencia desconocía apenas unas semanas antes. En lugar de picores, sarpullidos, estornudos o fiebre, esta enfermedad se manifiesta a través del bádminton, aguas bravas, esgrima o tiro con arco. Pero todas sus manifestaciones tienen algo en común: un compatriota con opciones de subir al pódium en su disciplina, sea la que sea. En septiembre de 1988, durante las Olimpiadas de Seúl, descubrí un deporte maravilloso que, años después, durante mi etapa universitaria tuve ocasión de practicar: el taekwondo. En el verano de 2012, y a pesar de no practicar ya este deporte, no me perdí ni uno solo de los combates que retransmitió Teledeporte. Durante uno de ellos, pude escuchar en primera persona algún síntoma de la medallitis de la que hablo, pues las ventanas abiertas para combatir el calor permitían que entrasen gritos de ánimo por parte de algunos vecinos emocionados que estaban siguiendo en directo el combate de Joel González por la medalla de oro que finalmente consiguió.
Me alegré de que este evento despertase interés en mi comunidad de vecinos, y me pregunté cuantos de ellos habrían visto los combates previos hasta llegar a la final, cuantos sabrían un mes antes quién era Joel González, cuantos conocerían su impresionante curriculum deportivo. El próximo 22 de agosto, cuando todo haya terminado y la Olimpiada de Río de Janeiro sea historia, algunos deportistas españoles llegarán al aeropuerto de Barajas o de El Prat con una presea colgada del cuello, serán recibidos entre flashes, micrófonos y aplausos, como le ocurrió a Joel hace cuatro años. Otros, la mayoría, llegarán de forma anónima, esperarán en la cinta de equipajes para recoger su maleta y pedirán un taxi que les lleve a casa. Estos últimos también habrán entrenado de manera espartana, habrán renunciado a muchos privilegios, habrán dejado de pasar mucho tiempo con sus familias, habrán renunciado a muchas horas de sueño, habrán hecho auténticos equilibrios para compatibilizar su pasión deportiva que, en muchos casos, no les permite vivir, con un trabajo remunerado que les permita llegar a fin de mes, seguir entrenando duro para, si hay suerte, dentro de cuatro años, volver por el "lado bueno" del aeropuerto. Dicen que del segundo no se acuerda nadie, incluso mi admirado Cholo Simeone lo dijo tras caer en Milán; no estoy de acuerdo en absoluto, no es más que una forma más de instrumentalizar el deporte como ocurre en otros aspectos de la vida, éxito a cualquier precio, éxito por encima de todo, éxito sin importar la forma, el método o las sustancias para alcanzarlo. No se trata de hacer apología de la derrota ni muchísimo menos, pero valga un ejemplo:
Reyes sin corona
En los mundiales de fútbol de 1974 y 1978, las selecciones anfitrionas, Alemania y Argentina, levantaron el preciado trofeo, pero cuarenta años después, todos recordamos a la "Naranja Mecánica", la Holanda de Cruyff, Neeskens o Ruud Krol, ¿acaso hay una victoria mayor que esa? A veces la meta nos impide disfrutar del recorrido, una carrera deportiva es mucho más que cruzar una línea de meta, levantar un trofeo o colgarte una medalla, es una forma de entender la vida, es una filosofía, es una manera de afrontar la existencia. Si sólo pensamos en términos finalistas, corremos el riesgo de que el fin justifique los medios, y los medios ya sabemos que a veces no son ni los más limpios ni los más lícitos. El próximo 22 de agosto, cuando todo haya terminado, independientemente de si llevan medallas colgadas al cuello o no, independientemente de si les habéis visto llorar de emoción en lo más alto del pódium mientras suena el himno nacional o si les habéis visto caer a las primeras de cambio, otorgadles a todos los que nos representarán en Río de Janeiro el mejor de los premios. Cuando llegue el día 22 de agosto, no les olvidéis.

Nos vemos corriendo.

miércoles, 22 de junio de 2016

Ganarle al sol

Ya ha llegado. Ya está aquí. El tan añorado por unos, y tan denostado por otros, entre los que me incluyo, por fin ha hecho acto de presencia. Sí, estoy hablando del verano. Una vez que nos sumergimos de lleno en el verano aparecen multitud de consejos en revistas, blogs y webs especializadas, sobre como hacer frente a las altas temperaturas para no tener que renunciar a practicar nuestro deporte favorito incluso cuando más implacable se muestra el mercurio. A pesar de disponer de mucha y variada información, no es extraño encontrarnos a algún "despistado" que corre en las horas centrales del día, que no usa gorra ni gafas de sol, y que no se corta a la hora de hacer una tirada larga sin llevar una mochila de hidratación o un cinturón con bidones.
La dehesa siempre es una buena opción
 Incluso he llegado a observar casos extremos de alguien que corre con un cortavientos o chubasquero, con el termómetro marcando 35ºC porque quiere perder peso y ha leído no se donde que así es más fácil quemar calorías, en fin. Una de las recomendaciones más habituales es intentar correr buscando zonas de sombra, parques donde encontremos alguna fuente para refrescarnos, etc., en cuyo caso, aquellos a los que nos gusta huir del asfalto y hacer incursiones en el monte lo tenemos un poco más complicado, pero siempre podemos encontrar la manera de mantener la forma física y divertirnos cuando más aprieta el calor. Una de las mejores opciones es correr a primera hora de la mañana, normalmente las temperaturas mínimas se dan entre las 7 y las 8 de la mañana, por lo que este es un buen momento para ponernos en marcha. En mi caso, cuando entreno a esas horas, suelo hacerlo antes de desayunar, solo con algún pequeño tentempié, por lo que se trata de tiradas de no más de 30/35 minutos sin mucha exigencia, pues hemos de tener en cuenta que durante las horas de sueño el organismo sigue consumiendo energía, por lo que no debemos exigirnos en exceso. Por supuesto, y aunque la incidencia de la radiación es menor a esas horas, la protección solar, la gorra y las gafas de sol deberían ser obligatorias. Otra opción interesante para el periodo estival es combinar la carrera con la práctica de otros deportes, lo cuál, además de evitar que caigamos en el tedio y la rutina, hará que volvamos a las zancadas con más ganas.
El frontal, un aliado contra el calor
 En mi caso, suelo hacer salidas en bici de montaña durante todo el año, pero es en verano cuando más "abuso" de esta modalidad deportiva que, de todos es sabido, es un complemento perfecto para el corredor, pues se trata de un deporte aeróbico que nos mantiene en forma y no sometemos a nuestras articulaciones al impacto que se produce mientras corremos. Quizá lo más complicado en verano sea realizar esas tiradas largas que solemos hacer el fin de semana y que tanto nos gustan, pero eso también puede hacerse minimizando riesgos. Probad a cambiar las copas del sábado por la noche por una salida en plena naturaleza, pudiendo correr a temperaturas mucho más suaves y sin que el sol esté castigándonos. Solamente necesitaremos un frontal y, si es posible, buena compañía. Incluso si optamos por la tirada nocturna, tampoco debemos olvidar llevar agua o alguna bebida isotónica.

Por último, si ni siquiera en verano podemos resistir la tentación de ponernos un dorsal, siempre podemos optar por pruebas cortas que se realizan bien de noche, bien a última hora de la tarde. Por poner algún ejemplo de carreras que tienen lugar en mi zona, os recomiendo la Milla vertical Guerrero de Magacela, que este año cumplirá su sexta edición, o el Cross Nocturno de Benquerencia de la Serena, que este verano se disputará por primera vez. Tenéis el más completo calendario de carreras en
http://atletismoextremadura.es/

Nos vemos corriendo.

miércoles, 1 de junio de 2016

La Pencona. El límite hecho realidad.

"Sueños, sacrificios, esfuerzos...El límite hecho realidad", ese fue el eslogan elegido por la organización de la IX Carrera Pencona y II Mini Pencona y, visto lo visto, no pudo ser más acertado.
Perfil y recorrido
La Pencona es de esas carreras referencia, no soy amigo de las comparaciones, pero creo que podría ser una especie de Zegama-Aizkorri extremeña, y, al igual que me ocurre con la mítica prueba vasca, La Pencona es de esos sueños pendientes que algún año tocará cumplir. 
Mientras tanto, y hasta que llegue ese momento, este año volví a repetir distancia inscribiéndome en la Mini y afrontando los 16 kilómetros de la misma. Tras pernoctar en Cuacos de Yuste, a las 7:00 pongo rumbo a Aldeanueva junto a Guille y Ariel. Tras recoger los dorsales damos cuenta de un desayuno notablemente mejorable en una cafetería en los aledaños de la salida para, tras ver el inicio de la prueba larga, ponernos en marcha.
A pesar de la previsión de lluvia, a la hora de la salida solamente caen cuatro gotas, por lo que la obligatoriedad de usar cortavientos se queda en recomendación, así que, visto lo visto, decido prescindir del cortavientos y enfundarme los manguitos como única ayuda "extra" para luchar contra alguna hipotética inclemencia meteorológica. Control de dorsales, el reloj se aproxima a las 8:30 y comienza la carrera. Abandonamos la plaza de San Antón, donde este año se ubicaba la salida, para buscar el camino de Los Cosos, afrontando la primera rampa importante antes de abandonar el casco urbano de Aldeanueva. Ya conocía el recorrido del año anterior, y además de lo impresionante del entorno, me gustó mucho porque permitía correr en la mayor parte de las zonas. La principal diferencia con respecto a la primera edición iba a ser la cantidad de agua y barro que nos encontraríamos durante el recorrido. No tenía ningún objetivo concreto en la carrera, pero mi idea era intentar mejorar el tiempo del año anterior, 1:41, así que me marco un ritmo cómodo desde el inicio pero sin dejarme llevar en exceso.
Salida

El primer tramo de la carrera es sencillo, no encontramos ninguna subida exigente, pero no hemos dejado de ascender desde la salida, y así llegamos al primer avituallamiento, justo antes de llegar al km. 6. Tras una breve parada en el avituallamiento giramos a la derecha para ascender por una espectacular zona de bosque que nos conducirá hasta el charcón de agua que sirve de abastecimiento a Aldeanueva de la Vera, y ahí la imagen es espectacular, flores por todos lados rodeando la charca, y un sendero embarrado que más que verse, se intuye bajo nuestros pies. Ahí el sendero pica hacia abajo, lo cuál permite darle al cuerpo alguna alegría, y tras acelerar un poco sin descuidar la prudencia, salvamos una zona muy entretenida con continuas subidas y bajadas hasta llegar a la Garganta de los Chilanes.
Paso por el charcón. Foto: Diana
A esas alturas, mis pies ya iban algo mojados, pero para salvar la citada garganta tocaba sumergirlos "un poco", así que tras el remojón y la momentánea sensación de frío giro a la derecha y empiezo a subir hasta alcanzar los 1070 metros de altitud, punto más alto de la carrera. Tras otra breve parada en el segundo avituallamiento, toca bajar hacia la zona de la garganta del Yedrón. Un miembro de la organización me anima y me dice que baje con prudencia, añadiendo que a partir de ese momento íbamos a tener que mojarnos un poco, ante lo cuál le respondo con una mirada "ojiplática", pues ya llevaba los pies empapados, así que no se que más nos podía esperar. A los pocos metros entiendo el comentario del voluntario, la zona del Yedrón está realmente complicada y a cada paso que das el pie se hunde en el barro. Durante casi dos kilómetros se hace muy complicado correr y, en según que zonas, incluso mantener el equilibrio andando, así que tocaba olvidarse de mejorar el tiempo del año anterior y abrir bien los ojos para no sufrir ningún percance.Tras salvar la zona más complicada de la carrera tocaba afrontar la espectacular bajada del Camino de las Culatas que, para mi sorpresa, no estaba tan peligrosa como imaginaba, así que aprovecho esa situación y el hecho de que soy mucho mejor bajando que subiendo para animarme y ganar algunas posiciones, y tras los kilómetros más divertidos de la prueba zigzagueando ladera abajo, llego al puente de San Gregorio, y, tras un tramo de callejeo, ponemos punto final con 1:49:44.
Objetivo cumplido


Como ya ocurriese en la primera edición, la prueba es un ejemplo perfecto de como organizar un evento deportivo, recorrido impresionante, buena señalización, muchos voluntarios, avituallamientos bien ubicados y una bolsa del corredor notable. Quizá el año que viene a la tercera vaya la vencida y me anime con los 29 kilómetros....o quizá no, ya iremos viendo.

Os dejo el espectacular vídeo de la carrera que grabó Gonzalo Torre.

https://www.youtube.com/watch?v=iepCWxSzJKA 

Nos vemos corriendo.


martes, 22 de marzo de 2016

II Carrera Sierra de Montánchez. Cita con la Épica.

La épica es un género narrativo en el que se presentan hechos legendarios o ficticios relativos a las hazañas de uno o más héroes y a las luchas reales o imaginarias en las que han participado. Según la Real Academia Española, uno de los significados del adjetivo épico/a es"grandioso o fuera de lo común". Es cierto que el pronóstico meteorológico para el pasado 20 de marzo no era precisamente positivo, el riesgo de lluvias estaba presente, la noche anterior había llovido, la del viernes también, pero bueno, ya sabemos que "los del tiempo a veces se equivocan"...y a veces no.  Cuando llego a Arroyomolinos, a eso de las 9:00, en la zona de salida se respira mucha tranquilidad, más de la habitual en este tipo de carreras. Se notaba que el número de inscritos era inferior al de la primera edición, y también se notaba que más de uno había preferido permanecer en brazos de Morfeo, otros optamos por poner en práctica aquel eslogan rojiblanco que decía "Mientras otros duermen nosotros soñamos", que para eso somos del Atleti.
Perfil y recorrido
Comparto café con los amigos del Trail Comesuelas Miguel Collado y Alicia Nessi, y comentamos las novedades que este año tendría la carrera y las dificultades que nos esperaban debido a la lluvia, prácticamente todo el recorrido iba a ser una pista de patinaje. Miguel iría por libre y yo le había dicho a Alicia hacía varias semanas que la acompañaría durante la carrera, así que tendría un nuevo rol, adaptarme a su ritmo y hacerle lo más llevadera posible su experiencia en una carrera de montaña "de las de verdad". A continuación, la liturgia habitual: Fotos, saludos, suerte...y precaución, mucha precaución, esa fue la palabra más repetida bajo el arco de salida. A las 10:00 en punto cuenta atrás y a correr. Desde el primer momento nos ubicamos en la parte trasera del pelotón y ahí íbamos a permanecer durante toda la carrera. El recorrido es espectacular desde el primer kilómetro, un sendero empedrado que serpentea por la parte umbría de la sierra mientras nos lleva de un molino a otro.
Ultimando detalles. Foto: Diego Cuadrado
Si bien en esta primera parte del recorrido no íbamos a encontrar grandes desniveles, la subida es continua, por lo que tocaba poner un ritmo cómodo, acortar zancada y tirar de paciencia, ya que esto iba a ser muy largo. Tras dejar atrás el espectacular mirador desde el que se puede contemplar por última vez Arroyomolinos afrontamos la primera bajada del día, no muy técnica pero sí bastante peligrosa debido a la humedad. Tras unos minutos descendiendo comienzan a escucharse gritos de ánimo cada vez más cerca, son el grupo de senderistas que estaban en el primer avituallamiento esperando para dar ánimos a los corredores, breve parada, un vaso de agua, y seguimos. Los siguientes kilómetros son mi parte favorita de la carrera, y donde más disfruté el año anterior. Se trata de una zona de descenso por un sendero estrecho pero muy "corrible", sin apenas dificultad técnica, así que a pesar de que le había dicho a Alicia que la acompañaría durante toda la carrera, me tomo una pequeña licencia y me dejo llevar sendero abajo en solitario durante un buen rato. Con ese "chute" de adrenalina ya me encuentro mejor, así que espero a Alicia y seguimos por una zona de falso llano y un pequeño tramo de cemento que nos llevaría al siguiente avituallamiento. Aquí la parada es mayor, me tomo un gel, un vaso de agua y cojo varios higos que me servirían de carburante para afrontar la durísima subida a las antenas.
Salida. Foto: Diego Cuadrado
Esta parte de la carrera era diferente a la de la primera edición, y en mi opinión ha sido todo un acierto, la subida es mucho más dura, pero el entorno es más bonito, y el terreno que pisas también, mucha roca mojada, mucho barro, regatos que bajaban con bastante agua...todo lo que uno espera de una carrera de montaña. La subida se hace eterna, así que aprovecho para comer algo e hidratarme, pues aún quedaba un mundo. A pesar de estar a punto de coronar, las antenas no se ven debido a la espesa niebla, pero estaban ahí, vigilantes como cíclopes disfrutando con nuestra odisea particular. Cuando estamos a unos 100 metros del punto más alto de la carrera empieza a llover, y no precisamente eran cuatro gotas, así que tocaba sacar el chubasquero y a seguir. Justo al iniciar el descenso la lluvia arrecia y durante un rato la visibilidad es reducida, así que la cosa se iba a complicar aún más de lo previsto. Recordaba del año anterior lo complicada que era la bajada hasta Montánchez, pero claro, nada comparado a lo que estábamos viviendo en ese momento. Llegamos a Montánchez, parada en el último avituallamiento sólido de la carrera para coger unas gominolas y a seguir, aún nos quedan algo más de 7 kms. hasta meta.
Primer avituallamiento. Foto: Juan (Tomate Running)
Dejamos atrás Montánchez aún bajo la lluvia, si bien es cierto que no cae tan fuerte ya, lo cuál se agradece, pero no podíamos confiarnos aún ni dejarnos guiar por cantos de sirenas, aún había que seguir remando. Tras superar un par de zonas con cierta dificultad técnica podemos ver el Castillo de Montánchez a la derecha mientras giramos para hacer un pequeño tramo de llano que nos conducirá hasta la última bajada del día, una zona de lanchas y canchos que superamos con muchísima precaución, pues todo está empapado, embarrado, y las rocas cubiertas de musgo. Esta última bajada es de una exigencia máxima en condiciones normales, en las condiciones en que se encontraba debido a la lluvia daba auténtico vértigo, y corrías con la sensación de que cada paso que dabas podría ser el último. Una vez superado este último escollo, giramos a la izquierda y afrontamos un pequeño ascenso que nos llevará hasta el último avituallamiento y tras una breve parada dejamos atrás un tramo de roca suelta, unos metros por un camino llano entre corrales de ganado y por fin vemos de nuevo el pueblo de Arroyomolinos, ¿o era Ítaca?
Objetivo cumplido. Foto: Diego Cuadrado
Después de todo lo que habíamos pasado, después de ver como el cielo se abría sobre nosotros hacía no mucho tiempo, cruzamos la meta bajo un sol radiante tres horas, treinta y ocho minutos y siete segundos después...una meta más, un reto más.

Esta carrera ya me encantó en su primera edición, pero creo que los cambios introducidos la han hecho aún más dura y más espectacular, buen trabajo una vez más de los organizadores, del amigo José María Díaz y de todos aquellos que han vuelto a hacerlo posible. Gracias también a los fotógrafos por cubrir la prueba de forma excelente y compartirla con todos. Por último, siempre me gusta destacar la impagable labor de los voluntarios en las carreras, pero en esta ocasión se merecen un monumento en su honor, sobre todo aquellos a los que les tocó estar en la parte más alta de la sierra y que soportaron estoicamente el temporal. Sin ell@s no hubiese sido posible.

Nos vemos corriendo.

jueves, 3 de marzo de 2016

IV Subida al Camorro

Por fin llegó el día, domingo 28 de febrero, la temporada de Carreras de Montaña en Extremadura daba el pistoletazo de salida con la IV Subida al Camorro. Más de uno teníamos marcada en rojo en el calendario esta fecha. Era la primera vez que hacía esta carrera, y a pesar de la dureza de la misma, la afrontaba con relativo optimismo, pues los últimos entrenamientos habían sido bastante buenos y me transmitían buenas sensaciones. Además de la parte física, la parte anímica también juega un papel crucial, y esta estaba por las nubes, me había levantado igual de contento que me había acostado tras la victoria del Atleti en el derbi madrileño.
Perfil de la IV Subida al Camorro
Así que rodeado de buenas sensaciones llego a Castañar de Ibor a las 8:50 de la mañana, recojo el dorsal (este año federado) y me voy a tomar un café, pues la temperatura es de 1ºC y ya habría tiempo de pasar frío. A través de la cristalera del bar se puede ver la imponente figura del Camorro, y somos varios corredores los que nos sorprendemos mirando a través de dicha cristalera como implorando clemencia. Un corredor local nos avisa de la peligrosidad de la subida y, sobre todo, de la bajada, pues había zonas con hielo, ya que durante las horas anteriores había nevado por encima de los 600 m. Tras los saludos pertinentes y el habitual control de dorsales, la salida se produce a las 10:00 horas, tal y como estaba previsto; por la megafonía anuncian que somos 170 los que nos disponemos a completar los 20 kilómetros y 700 metros de esta dura carrera de montaña.
Salida
Me tomo la salida con la prudencia y tranquilidad habituales, ubicado en la parte media de un pelotón que antes de abandonar las calles de Castañar de Ibor ya va bastante estirado.
Tras un descenso de un kilómetro por una pista de cemento, la carrera discurre por caminos de tierra en un continuo sube y baja hasta que cruzamos por segunda vez la carretera EX-118; a partir de ahí, continua subida hasta el primer avituallamiento (km. 4,700), y una vez superado este, afrontamos la subida al Camorro propiamente dicha, a través del cortafuego de la Linde, una subida que exige una condición física muy buena y durante la cuál pueden verse estampas típicas de carreras de montaña de primer nivel, con corredores acortando la zancada y el cuerpo formando un ángulo de noventa grados. Justo antes de coronar los 1142 metros de altitud del Camorro me paro, me giro a la derecha, y la vista es espectacular: El valle del río Ibor y el pico Villuercas totalmente cubierto de nieve, un regalo para mis ojos, en breve volveré a la zona, pues bien merece una visita más sosegada y sin tanta exigencia física. A esa altitud el frío es más intenso, calculo que la temperatura debe estar aún bajo cero, así que me cubro boca y nariz con la bandana y me dispongo a iniciar el descenso.
Primeros metros. Foto: Tony Hurtado
Durante la subida al Camorro había ganado varias posiciones, y eso que los ascensos no son mi punto fuerte, es algo que debo mejorar y mucho, así que soy optimista al inicio del descenso, pero siempre con un extra de precaución. La bajada se realiza a través del cortafuego de las Hontanillas, y es realmente complicada, mucha piedra suelta, mojada, y el riesgo de caída era elevado, así que debía primar la seguridad. Aún así, logro adelantar a un par de corredores que me precedían y, una vez superada la zona más técnica y peligrosa, afronto una zona de senderos bastante "corribles" y que me permitieron ganar varias posiciones más. Hasta ahí la carrera había estado totalmente controlada y todo marchaba de forma inmejorable, pero a partir de ese momento, todo iba a cambiar. Una caída de lo más tonta en una zona llana sin ninguna dificultad iba a dar al traste con todo. Caigo sobre el lado izquierdo del cuerpo haciéndome bastante daño en la pierna y, sobre todo, en el hombro. Una vez superado el susto inicial vuelvo a las zancadas, pero el dolor es bastante molesto y me temo que pueda tener consecuencias importantes.
El Camorro y Castañar a sus pies
 Llego al segundo avituallamiento, en el km. 9,300 y me paro a sopesar la posibilidad de abandonar, pues el dolor es cada vez más fuerte y molesto. Aparece Mª José Hernández, de la ADS Extremadua Natural, acompañada de dos corredores, y me animan a seguir, así que decido probar y los cuatro iniciamos un precioso descenso a través del sendero que discurre por la Garganta de Calabazas, una de las zonas más bonitas de las muchas que nos estaba ofreciendo la carrera. Uno de los compañeros se queda descolgado a las primeras de cambio, y el cuarteto pasa a ser un trío, ahora soy yo quien cierra el grupo, y a pesar de que el ritmo de carrera no era muy exigente, mis molestias persisten y bajo el ritmo afrontando los siguientes kilómetros en solitario. En esas llego al km.13,500, tercer avituallamiento, paro y decido entregar el dorsal, pues no voy a poder terminar, el dolor en la pierna se incrementa y el brazo izquierdo tengo que llevarlo pegado al cuerpo pues no puedo moverlo, lo cuál es un problema serio, sobre todo en las bajadas.
Inicio del ascenso. Foto: Tony Hurtado
Ahí aparece el que durante los siguientes kilómetros sería mi "ángel de la guarda", Antonio Cruz, del Club Atletismo Montijo Trail, que me anima a seguir aunque sea andando y me acompaña durante más de tres kilómetros con ánimos y conversación que hacen que me olvide por momentos de mis molestias. Así, afrontamos la última gran subida del día, una trocha de 150 metros practicamente verticales y el cortafuegos que nos llevaría hasta el Collado de los Piloncillos. Le digo a Antonio que siga sin mí, que no quiero seguir siendo un lastre, pues sabía que esa subida iba a ser una tortura para mí, así que a regañadientes se resigna y me hace caso. Ahí paso los peores momentos de la carrera, pierdo varias posiciones durante el ascenso, pues apenas puedo andar, pero estoy convencido de que si logro coronar y llegar al siguiente avituallamiento, terminaré la carrera. Con mucho sufrimiento logro llegar al cuarto puesto de avituallamiento, km 17,200, tomo un vaso de bebida isotónica, cojo gominolas y estoy dos o tres minutos descansando.
Un privilegio correr en ciertos lugares
A partir de ahí, una bajada sin ninguna dificultad técnica que me permite volver a trotar y que me llevaría al Castillejo, donde hay varios voluntarios que me animan y me dicen que me queda un kilómetro, esto ya está hecho, ha costado, ha costado mucho, ha costado horrores, pero al menos me queda la satisfacción de poder cruzar la meta, cosa que hago junto a un corredor del Villanueva corre...y mucho, al que había encontrado totalmente acalambrado ya en las calles de Castañar, con el crono marcando 3 horas y 6 minutos. Nos saludamos, nos damos la enhorabuena por lograr terminar y bajamos el telón. Seguro que nos volveremos a ver en mejores circunstancias. Ha sido una carrera durísima, y aún más por mis circunstancias particulares, pero a base de coraje y corazón, como buen atlético, otra línea de meta cruzada, otra prueba superada. 

Por último, solo me queda decir que se trata de una carrera espectacular y que te permite disfrutar de unos rincones preciosos del Geoparque Villuercas Ibores Jara. Muy bien señalizada, con una gran labor por parte de los voluntarios, y los habitantes de Castañar muy animosos con los corredores. Ha sido una bonita aunque accidentada manera de comenzar la Liga Extremeña de Carreras de Montaña, pero bueno, seguro que vendrán mejores momentos a lo largo de la temporada. Gracias al amigo Antonio Cruz del Club Atletismo Montijo Trail, porque tiene mucha parte de culpa de que lograse cruzar la meta.

Nos vemos corriendo.

jueves, 4 de febrero de 2016

Soplamos dos velas

El 29 de enero de 2014 publicaba la primera entrada en este blog. Como tantas otras cosas que ocurren en la vida, nació de forma casual: Tras cada carrera en la que tomaba parte, le enviaba una pequeña crónica vía e-mail a mis amigos. Mi amigo José Antonio Lorenzo, habitual lector y comentarista del blog, que sufría una lesión que le mantenía parado durante meses me comentó que le encantaba leer mis crónicas, pues era una forma de meterse en la carrera y, de alguna manera, compensaba el hecho de no poder correr. Eso fue lo que me impulsó a dar un paso más, y ese día, durante el café de la sobremesa me llegó la inspiración y decidí poner en marcha esta pequeña historia. Como ya expliqué en la primera entrada, el título lo tomé de una maravillosa novela que, con un trasfondo de atletismo, cuenta una historia sobre la firmeza e integridad del ser humano en momentos de extrema dificultad en los que lo fácil sería abandonar, claudicar; me parecía y me parece que existía un gran paralelismo entre las carreras de fondo y la vida del protagonista de dicha novela, ¿quién no se ha sentido así durante una carrera? ¿Cuántas veces no puedes más y sacas fuerzas de no se sabe donde para seguir adelante? El nombre del dominio lo elegí como un pequeño homenaje a los colores de mi club, parte muy importante también en esta gran pasión, pues ya son más de tres años recorriendo kilómetros de blanquinegro.

Un pequeño resumen gráfico
El resto ya lo conocéis: Entrenamientos, algunos sitios de interés en los que poder entrenar en plena naturaleza que quise compartir, pequeñas reseñas sobre glorias del atletismo como Lasse Viren, historias duras con final feliz, como la de Gabrielle Andersen-Schiess o Kathy Switzer, en fin, todo lo que creí que podría ser de algún modo atractivo para aquellos que compartís afición conmigo. Y, por supuesto, carreras, dos años dan para recorrer muchos kilómetros, para tomar parte en carreras de todo tipo, de varias distancias, sobre distintas superficies, pero con un denominador común, disfrutar por encima de todo. Las hubo épicas, como la III Carrera de Montaña Ciudad del Granito en Quintana de la Serena, en uno de esos días en los que solo hay cruz en la moneda, luchando contra el frío, la lluvia, el viento y una lesión que me obligó a terminar prácticamente caminando; divertidas, como la VIII Media Maratón de Mérida, en la que pasamos un gran día de convivencia con el compañerismo y el buen ambiente como protagonistas; accidentadas, como el Trail Nocturno de la Sierra de la Mosca en Cáceres, durísimas pero que te dejan un sabor de boca increíble tras cruzar la meta, como la I Carrera de Montaña Sierra de Montánchez y Tamuja; o las que tienen lugar en escenarios mágicos, esas en las que te entran ganas de pararte y contemplar lo que te rodea, y que cuando cruzas la meta estás deseando que llegue la siguiente edición, como la Subida a los Campanarios de Casas del Monte. Y así, poco a poco,  paso a paso, zancada a zancada, cada cierto tiempo he acudido a esta cita virtual sin ninguna pretensión, sin saber quien estaría al otro lado, si es que había alguien, quien se interesaría por leer lo que tengo que contar, si le gustaría o no, o simplemente le dejaría indiferente. Y la idea es seguir haciéndolo, seguir fundiendo estas dos pasiones (y alguna otra) que son correr y escribir, y que en este pequeño rincón confluyen, y lo haré con la misma idea que hasta ahora, sin ninguna aspiración especial, aunque eso sí, con la satisfacción que provoca el hecho de saber que hay alguien que le dedica unos minutos de su valioso tiempo a leer aquello que tiene que contar este loco que corre. El hecho de que estés ahí hace que merezca la pena.

Nos vemos corriendo.

jueves, 28 de enero de 2016

El día que empezó todo

En la primera entrada de este blog ya dejé unas pinceladas acerca del contenido del mismo: al igual que la novela de la que toma el título, y pese a tratar principalmente sobre el hecho de correr, no sería esa su temática exclusiva, por lo tanto, ya estabáis avisados. Hoy voy a abandonar por un momento las zancadas, las trochas y los senderos y voy a dedicarle esta entrada a otra de mis pasiones. Los que me conocéis sabéis que soy un auténtico "yonqui" del deporte, salvo contadas excepciones, podría decirse que me gustan todos, he practicado y practico varios y he disfrutado y disfruto viendo la mayoría de disciplinas deportivas. Entre los deportes que más me apasionan sin duda ocupa un puesto de honor el balonmano; el trabajo de la táctica del equipo, el contacto, la plasticidad de los lanzamientos, la continua concentración necesaria, la importancia a partes iguales del bloque y el talento individual, hacen de este deporte uno de los más visuales y emocionantes de los que uno puede disfrutar. Metidos como estamos en plena disputa de un igualadísimo Campeonato de Europa de selecciones, me ha parecido oportuno volver al que sin duda es el mejor recuerdo que mi memoria guarda de esta maravillosa disciplina deportiva. El idilio con este deporte continúa y me acompañará siempre, pero como toda historia de amor que se precie, esta tuvo su flechazo. Ocurrió a finales de marzo de 1985.
Un equipo mítico
El Atlético de Madrid afrontaba en Praga el partido de vuelta de las semifinales de la Copa de Europa frente al Dukla de Praga, vigente campeón, con una exigua renta de dos goles (16-14) en el partido de ida disputado en el Pabellón Los Cantos de Alcorcón. El partido se había disputado en dicha cancha porque la IHF no permitió que se jugase en el pabellón Antonio Magariños, sede habitual de los partidos del Atleti, por no cumplir esta con las medidas reglamentarias de 40x20. Los dos goles de ventaja fueron rápidamente neutralizados por el campeón checo, y al descanso el marcador no dejaba lugar para la esperanza: 10-4. Flojos en defensa y con un ataque desastroso, se firmó una primera parte para olvidar. En el banquillo de aquel equipo se sentaba nuestro paisano Juan de Dios Román (Mérida, 1942), una de las mentes más privilegiadas que ha dado este deporte y en mi opinión el mejor entrenador de todos los tiempos; solo él podía sacarse un conejo de la chistera. Su labor psicológica y la calidad de la plantilla obraron el milagro. A mediados de la segunda mitad el Dukla ganaba 16-9, pero dos lanzamientos desde los siete metros parados por Claudio Gómez y un parcial final de 2-8 acabaron por voltear el marcador de un partido que se jugó al límite, como todo lo "Made in Atleti", nos pone la épica.
El gran Cecilio Alonso
Así fue como empezó todo. Inolvidable la imagen de Cecilio Alonso y Javier Reino formando la barrera en el último lanzamiento a favor del Dukla, con el reloj ya a cero, la voz del gran Luis Miguel López (la voz del balonmano) narrando la gesta mientras un niño con diez años recién cumplidos se comía las uñas frente a un televisor en blanco y negro.

Luego llegaría la final perdida frente a la Metaloplastika Sabac, un equipo de leyenda (Vujovic, Vukovic, Cvetkovic...) que contaba con ocho campeones olímpicos en Los Angeles ´84, pero eso es otra historia. Este es un pequeño pero meredísimo homenaje personal a aquellos héroes, gracias a ellos me enganché a este deporte.  Lorenzo Rico, Claudio Gómez, Ángel Cobo, Rafael López León, Chechu Fernández, Javier Reino, Manuel Novales, Fernando García, Stroem, Agustín Milián, Paco Parrilla, Orencio Alhambra, Jesús Gómez, Quique García, Luisón García, Juanón de la Puente, Cecilio Alonso y el maestro Juan de Dios Román. 

Gracias.